Ahora que Isabella es más grande e independiente, las piñatas ya no requieren de mi esfuerzo físico. Ya solo me limito a disfrutar de la conversación con otras mamás sobre las tarifas de los colegios, las estrategias para quitar las pesadillas, onces saludables... en fin. Pero, como buena mamá, no pierdo la tensión. La presión social es mi debilidad y este el escenario perfecto para caer. Ya no puedo evitar que Isabella acabe con la “barra de dulces”, ni desocupar el vaso y rellenarlo de agua sin que ella se dé cuenta. Ahora solo me queda esperar con ilusión que todos los cuentos sobre la importancia de la alimentación saludable hayan realmente funcionado, y ella decida que es mejor no comerse todos los dulces hoy, comer una sola tajada de ponqué y tomar alguna bebida saludable. Pero bueno, son niños, y debo enfrentarme a la realidad…
 
Se acerca una mujer con una bandeja en la que hay agua, yogurt y otra botella que no puedo descifrar bien qué es. Entonces yo, en un acto absurdo e inconsciente, hago toda la fuerza del mundo para que coja algo saludable. Ella recorre todas las opciones y finalmente y por fortuna, se sorprende gratamente cuando ve que hay Pony Malta. La toma con sus manitas y me muestra diciendo: “¡mamá, hay bebida para niños!”, y yo puedo volver a respirar, ¡Qué buena noticia!, un punto enorme a favor de la fiesta. Me siento súper feliz hasta que llega la bandeja del ponqué e Isabella, muy amablemente, le dice a la señora que mejor lo cambia por más Pony Malta. Todos se ríen, es algo gracioso. Ahora las miradas recaen sobre mí y me quiero morir, pareciera que nunca en su vida hubiera tenido la dicha de tomarse una…
 
Al subir al carro, después de verla caer rendida, me dispongo a hacer el balance de la fiesta y me doy cuenta de lo realmente importante de toda la odisea…Isabella decidió sola. Ella solita determinó que lo que quería era tomar Pony Malta. Todo tiene que ver conmigo, ¡obvio que sí! Me llevo el crédito de haber inducido a Isabella a atreverse a hacer lo que mejor le parece. Eligió algo saludable sin importar qué harían los otros niños, actuó con autonomía y me recordó que la autenticidad es su arma más fuerte… Todavía me emociono cada vez que recuerdo ese gesto de complicidad que tuvo al celebrar conmigo su hallazgo, me buscó a mí para compartir su alegría. En ese momento me empiezan a doler las mejillas de tanto sonreír y pienso en la cara que hará Nicolás cuando le dé el reporte de la piñata de hoy…


 

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Michelle Escorcia

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